En memoria de un hombre del mármol
PEDRIN EL RONO

Hay personas que dejan una huella imborrable en quienes las conocieron, y otras que además dejan su huella en la tierra que trabajaron durante toda una vida. Él fue una de ellas.
Su historia con el mármol comenzó siendo apenas un niño. Con tan solo siete años, cuando el esfuerzo y el sacrificio formaban parte del día a día, salía de madrugada montado en un burro para llevar la comida a los canteros. Regresaba al caer la tarde, después de largas jornadas entre caminos, polvo y piedra. Sin saberlo, estaba iniciando un camino que marcaría toda su vida.
Con los años, aquel niño trabajador se convirtió en un hombre emprendedor. Primero tuvo su propia cantera y más tarde, junto a sus hermanos, levantó una fábrica que representaba el fruto de décadas de trabajo, constancia y dedicación. El mármol no era solo su profesión; era su pasión, su forma de entender la vida y el legado que transmitiría a las siguientes generaciones.
Pero si algo lo definía por encima de todo, no era únicamente su relación con el mármol. Era la calidad humana que desprendía en cada gesto. Fue un trabajador incansable, un hombre honesto, generoso y comprometido. Un marido entregado, un padre ejemplar y un abuelo que llenó de cariño y enseñanzas la vida de quienes tuvieron la suerte de compartir tiempo con él.
También vivió el deporte con la misma pasión con la que afrontaba cada reto. Amante de todas las disciplinas, encontraba en el fútbol una ilusión especial. Quienes le vieron jugar recuerdan todavía aquella magnífica zurda que tantos momentos de alegría regaló.
Hoy, este homenaje no es solo para él. Es también para todos aquellos hombres y mujeres que dedicaron su vida al mármol, que trabajaron con esfuerzo, sacrificio y dignidad hasta el último día. Personas que construyeron con sus manos una industria, una tradición y una forma de vida que sigue presente en cada bloque extraído, en cada pieza elaborada y en cada proyecto que nace de esta tierra.
Su legado permanece vivo. En su familia, en esta empresa y en los valores que nos siguen guiando cada día: trabajo, humildad, pasión y respeto por el oficio.
Porque hay personas que nunca se marchan del todo. Siguen viviendo en aquello que construyeron, en las enseñanzas que dejaron y en el recuerdo imborrable de quienes las amaron.
Gracias por vuestro legado Pedrin el Rono y Maruja la Natalia

